Las fotografías de Damián Siqueiros ilustran sus preocupaciones recurrentes al rededor de la construcción de la identidad. Tanto por los elementos representados como por la técnica utilizada, forma y contenido se entrelazan en una trama de reflexión continua y abierta al cuestionamiento  de los fundamentos de la representación de nosotros mismos y del mundo; de aquello que uno cree verdadero y esencial. Cada imagen es la representación formal, estetizada, de una tensión que es a la vez íntima y social. La vida como un performance pone en evidencia las construcciones de la identidad a través de nuestro cuerpo y el de los demás, del espacio que da estructura a esos cuerpos -la arquitectura y el urbanismo- y  de la imagen construida digitalmente que es producida. Las fotografías nos incitan a reflexionar sobre los elementos que definen nuestra constitución, como la genética, la voluntad, la cultura visual o nacional, o incluso la sexualidad.

La constitución de la identidad de género es una constante dentro del proyecto, que sobresale especialmente en Paradoja de la masculinidadThe Madonna complex (El complejo de Virgen) y Sacred Performances (Interpretaciones sagradas). La definición de la identidad en relación al sexo biológico  del individuo se ha hecho compleja en gran parte gracias a la evolución de las teorías feministas y queer. Particularmente a partir de la propuesta de Judith Butler posicionando la feminidad, e incluso la masculinidad como un performance, un espectáculo1. En estrecha relación con el título del proyecto, estos conceptos se concretan en los prejuicios alrededor de la masculinidad y la virilidad que se opone (o no) a la feminidad, que constituye el “otro”.

La Fotografía de Damián Siqueiros puede ser leída como una alegoría de la performatividad de la identidad. Es una tentativa de representación de aquello que no podemos ver, una manera ilustrada de articular la incongruencia de la concepción unitaria e inmutable del ser humano. La alegoría parece un tema apropiado para describir la obra de Siqueiros, ya que está estrechamente relacionada a la pintura clásica, como lo sugiere el estilo foto-pictórico de sus imágenes.

Los diferentes niveles de referencia a “lo real” que unen y desunen la Pintura y la Fotografía desde la invención de ésta última, son una herramienta de estetización para Siqueiros, pero también una medio de poner en relieve la superficie de la imagen incluyendo un acabado que hace eco a la materialidad del lienzo sobre la cual la imagen ha sido impresa. Este énfasis adherido a la superficie, acentúa aún más la necesidad de tomar consciencia sobre la “película” de la superficie de la identidad, la apariencia que ésta ofrece a la mirada de uno mismo y del otro.

Es a través de la poesía visual del diálogo entre el espectador y los cuerpos inmersos en el espacio de la imagen, un diálogo que gira alrededor de la concepción de si mismo , que el artista nos pide realizar una revisión de nuestras certezas. Las fotografías nos empujan a cuestionarnos sobre nuestra identidad; cómo los cuerpos y la historia de su representación  definen esa identidad, como los espacios rigen mis comportamientos y como “yo”, observador, me identifico con todo esto.

Extracto de Everyday Performance: La Alegoría de la Performatividad de Christelle Proulx