Pensemos en la idea de lo femenino, no sólo lo que concierne a los intereses de la mujer sino todo aquello que intrínsecamente parece haber sido creado y asignado dogmáticamente a lo que la historia ha llamado el sexo débil.  Pesemos en aquellas características que siendo percibidas como femeninas hacen de un hombre menos hombre.

No sólo el cuerpo pero también las características que hacen de la mujer un género reconocible niegan la posibilidad a cualquier persona tener un rol protagonista dentro de la historia. Lo sublime, el protagónico y el heroísmo son para los hombres. La belleza, la compasión, el amor terrenal , lo banal y  el seguir al héroe son los mandatos asignados al sexo femenino.

Las corrientes de pensamiento feminista que comenzaron desde hace unas cinco décadas nos han ayudado a desafiar estas ideas que se han anclado en el pensamiento colectivo social desde la Antigüedad. Simone de Beauvois o Judith Butler nos hacen reflexionar sobre el carácter construido del la identidad de género  haciéndonos notar cuan evidente que no existe tal cosa como lo intrínsecamente femenino o masculino.  Es un discurso que no sólo aparece con la función de denunciar la perpetuación ontológica de la subyugación femenina, sino, lo que es más interesante aún, es una oportunidad para pensar la construcción del género de manera diferente. Una manera en la que no sea relevante para ocupar un lugar en la historia o un puesto de trabajo. Es una oportunidad para destruir dogmas sobre lo que debe o no debe ser una mujer o un hombre.

Esta complejidad de la identidad femenina, o tal vez debería decir identidades, ha sido plasmada en el arte de manera maravillosa a través de las imágenes del pintor victoriano (s. XIX) John William Waterhouse. Su obra es rica en referencias históricas, a la literatura y al arte de su éóca; imágenes complejas y llena de símbolos sutiles. Waterhouse concentra su mirada, sobre todo en los personajes femeninos de la Historia y de la Literatura. Una mirada llena de compasión por las identidades femeninas disponibles en su época: la mujer de carácter frágil y endeble, lista para ser rescatada, y tal vez demasiado susceptible al mundo para vivir en él; la mujer fuerte que es el origen del paradigma de la femme fatale; la joven virgen que se abre tímidamente a su sexualidad.

Female in a leading role es una serie que se apropia la resolución estética de la obra del pintor, de su amor por los personajes femeninos , por las referencias eruditas y la simbología. Sin embargo el discurso sobre las identidades femeninas representadas cambia para ilustrar la idea del género como una construcción. Otorga la oportunidad a los personajes femeninos relegados a roles secundarios de ser las protagonistas de su propia historia. Concede la posibilidad a los personajes masculinos con características eminentemente femeninos de cambiar de piel y ser representados como mujeres.

En cuanto al espectador, esta serie, le la posibilidad de observar y re-evaluar desde el punto de vista de la sociedad contemporánea la arbitrariedad y rigidez a través de las cuales se han regulado la construcción de las identidades femeninas. De manera sutil, las imágenes subrayan la permanencia de ciertas ideas obsoletas sobre las cuales basamos la formación de nuestra identidad de género.

Los personajes que aparecen en la serie Female in a leading role son en principio los mismos que aparecen en la obra de Waterhouse. Si no de manera exacta, son seleccionados bajo la misma lógica.

Así dentro de esta serie cargada de estetismo aparecen personajes que alguna vez se resignaron a su propio destino y hoy reclaman una segunda mirada y un cambio de perspectiva.