El proyecto La Travesía de las Flores hace un paralelo entre la corta vida y rapidez con que se marchitan las flores y la vida profesional de los bailarines para portar atención a la fragilidad humana y a una de las características intrínsecas de la vida: la impermanencia.

El artista se esfuerza para hacer que los intérpretes que colaboran en el proyecto dejen de lado su condicionamiento dancístico para encontrar un lenguaje corporal preciso y directo para expresar emociones, congelando en el tiempo el cadáver del ahora. La imagen actúa como testigo de quien estuvo inmerso por completo en el presente, completamente consciente de su ser.

El proyecto invita a los intérpretes a cuestionarse sobre las implicaciones físicas de su práctica sobre su cuerpo; cómo el tiempo ha cambiado su percepción sobre la danza y cómo hacen para asumir la pérdida de  habilidades a medida que envejecen. La misma invitación se extiende al espectador para examinar su propia existencia y confrontarse con la fragilidad de su cuerpo físico.

Las imágenes muestran las visiones únicas  de cada uno de los artistas, escogidos especialmente de diferentes orígenes, haciendo un énfasis especialmente en colaborar con bailarines  en la flor de la juventud y otros más maduros.

El resultado de esta serie  es un grupo de obras etéreas que reflejan la travesía filosófica y espiritual del artista, así como sus limitaciones físicas; esperando sobre todo crear una conexión emocional con el espectador que devenga en el recuerdo de una imagen, la ilusión última de la permanencia.